Pierre Gonnord , el Velázquez de la Fotografía

En días pasado fue  presentado un volumen, editado por  La Fábrica , titulado Pierre Gonnord, el cual contiene 150 retratos que éste retratista ha realizado entre  entre 1999 y 2012.

Algunos medios han denominado a este artista como ” el fotógrafo que dispara como pintaba Velázquez” . Lo cierto es que cuando observamos sus retratos estos tienen una gran carga psicológica y  una iluminación especial, como Rembrandt, Ribera, o el tenebrismo de Velázquez.

Desde Amfa decidimos contactar con Pierre para que nos hablara sobre su obra, aceptando a ello y ofreciéndonos una entrevista, que es la siguiente:

– Nombre.                                                                    

– Pierre Gonnord.

– Fecha y lugar nacimiento.

–  El 28 de junio 1963, en Cholet (Francia).

 

 

 – ¿Dónde estudiaste? ¿Llegó a tu vida la fotografía de una forma casual?

-Estudié Economía en París, luego desempeñé distintos cargos en empresas y agencias de comunicación y marketing en España hasta empezar un proyecto personal de fotografía, por el año 1996.

¿Tu primer equipo fotográfico?

–  Mi primera cámara fue una vieja Minolta de mi padre, ni me acuerdo del modelo. Yo tenía 14 años. Era como una reliquia que sólo podíamos sacar los domingos con mucho cuidado.

  – ¿Cuál es tu equipo actual?

– Una cámara de medio formato marca Hasselblad modelo 503CX, con un objetivo 80 mnn marca Karl Zeiss. Desde hace 3 años he incorporado a este equipo un respaldo digital de la marca PhaseOne modelo P21+. Tengo que confesar que siempre he ido comprando material de segunda mano. Esto me permite adquirir mejor equipo con el mismo presupuesto.

 – Eres una persona muy viajera, ¿de qué país guardas mejor recuerdo? , explícanos el motivo.

– He viajado bastante por Japón, China, Estados Unidos y Europa, pero el 80% de mi obra está hecha en España y Portugal. La península Ibérica, donde vivo desde hace 24 años, me fascina y me proporciona los encuentros, las historias, los aprendizajes, las temáticas y personas determinantes para mi obra. Es mi proyecto vital.

 

 

 

 – ¿Has pensado hacer un tipo de fotografía distinto al retrato?

– Desde hace 3 años, y a partir del momento en el cual he salido de las ciudades para circular por carretera secundarias,  estoy desarrollando una serie paralela de paisajes que tienen mucho que ver con las personas que voy retratando. Los marcos en los que viven esas personas, esos grupos sociales, los accidentes y la presencia de la naturaleza me interesan porque nos hablan también de los que les habitan. El viaje provoca un clima propicio para desarrollar un discurso entre rostros y espacios, indagar en la posible simbiosis y mimetismo que existe entre los individuos y un marco de vida natural pero, al mismo tiempo, van despertando en mí sentimientos personales e íntimos, ideas y sueños. El retrato y el paisaje son los géneros más antiguos e importantes en la Historia. Sin forzar nada, era lógico que mi mirada se desplazara del rostro humano hacia la naturaleza.

 -¿Qué encuentras en el retrato?

–  El retrato es una fórmula de vida. Busco entender la vida, cuestionarla  y expresarme. Hay una experiencia realmente vivida en el encuentro con la condición humana. Para mí es un acto vital de confianza y amor.  Pienso siempre en imágenes queridas, despiertas ante mis ojos y que nos tendrán que sobrevivir. Es una lucha constante contra el olvido. Soy consciente de que, al mismo tiempo, hay un acto de canibalización del Otro, del “Otro Yo”, de su diferencia y de nuestra parte común de humanidad: la comunión y apropiación de su belleza, dignidad y fuerza que nos asemeja a todos. Retrato -sobre todo por los encuentros que propicia- las experiencias vividas, esa escuela de la vida que permite aprender de los demás, de los que viven más alejados del mainstream, del centro urbano, lejos de mi casa y, sin embargo, son mis contemporáneos. En mis imágenes quiero celebrar la belleza humana, la fuerza moral, el drama de existir y de vivir, absurdo y maravilloso, a veces sin sentido que se acaba de repente y siempre demasiado pronto, pero que lo significa todo. No podemos jamás elegir nuestro destino, sólo remar donde creemos que debemos de ir y, a veces, lo hacemos a contracorriente. El trabajo, mi experiencia vital y fotográfica, me da esa libertad de ir donde quiero ir  y hacia quién, pues así tengo la oportunidad de conocer y de escuchar. Es un trabajo nómada.

 

Tus fotografías son un catálogo de  diversos personajes que podríamos calificarlos como únicos. ¿Cómo llegas a ellos y cómo consigues que se dejen fotografiar?

Creo que es el fruto del tiempo que dedico, sin ninguna prisa, en acercarme a determinas zonas geográficas, grupos sociales y, sobretodo, a individuos lo que propicia un encuentro previo, un intercambio de intenciones o un cierto entendimiento antes de la decisión de llegar al ritual fotográfico. Necesito, a veces, hacer varios viajes para poder conocer a determinadas personas que me pueden interesar. Pienso, por ejemplo, en las comunidades gitanas del sur del Alentejo, en Portugal. El primer viaje, sin fotografiar a nadie, es ya una fuente de alegrías y aprendizaje muy grande. Aunque mis personajes siempre pertenecen a colectivos o grupos sociales perfectamente definidos e identificables, no quiero que jamás pierdan su esencia individual, su capacidad para representarse a sí mismos. Me interesan, por su fuerza moral, su carisma, su gran sensibilidad. A través de ellos busco también al género humano, universal y atemporal. Busco un frágil equilibrio entre lo psicológico y lo sociológico, entre representatividad y singularidad.

– Tienes curiosidad por los grupos sociales marginados ¿Qué pretendes?     

– Como dije anteriormente la fotografía permite dar visibilidad y es una forma de posicionarse y luchar contra el olvido. He elegido voluntariamente grupos humanos, personas alejadas del centro de nuestras ciudades en una sociedad globalizada, y siempre más urbana, que ha perdido la memoria de lo que ocurre fuera de su círculo. Vivimos en una sociedad con permanentes cambios sociales. Situaciones que desaparecen mientras surgen otras realidades. He elegido hablar y acercarme a personas un poco más olvidadas que otras, más apartadas del sistema: los gitanos andaluces o los cíngaros rumanos; las periferias de París y de Madrid; los sin techo; en Japón los miembros de la yakuza, los monjes y las geishas; después, el mundo rural de Portugal y España; la minería del carbón; luego el gueto judío de Venecia y otros lugares de la laguna veneciana; ahora la famosa Black Belt del sur de los EE.UU. Es mi forma de aprender, de ser consciente, de narrar, es mi forma de trasgredir. Ese es el privilegio que tengo como fotógrafo para cuestionar nuestra época. En todas esas imágenes me importa sobretodo la belleza y la gran humanidad de todos los personajes.

 

– ¿Por qué utilizas el fondo oscuro en tus fotos?   

– Más que oscuro es un fondo abstracto. He decidido voluntariamente borrar el contexto, no mostrar el entorno. Mi ritual ha variado muy poco desde sus inicios y parece que, a pesar de senderos emprendidos en territorios muy dispares, repito la misma foto una y otra vez: fondo oscuro en un estudio improvisado, generalmente en la casa del modelo, en su lugar de trabajo, en su territorio, con flash o luz natural. Hay casi siempre un único punto de luz. Mis modelos están sentados en silencio, ofrecen el rostro y, a veces, sólo el busto o medio cuerpo. Creo que el retrato es un ritual tan difícil y serio que necesita, sobretodo, intimidad y contemplación. Por ello no me molesto en efectos complicados para poder captar y entregar lo esencial. Casi he olvidado esta parafernalia para obsesionarme  con la búsqueda y presencia del “Otro Yo”, de sus otras realidades. La fotografía es creación, es invención, sueños pero, también, realidad y documento. Hay que ser suficientemente disponible y receptivo para poder captar lo esencial en menos de 5 minutos y 20 disparos.

– ¿Luz natural, flash, frontal, lateral?  ¿Cuál es la fuente de luz adecuada para el retrato? ¿Es una cosa que estudias bastante o te centras directamente en el personaje?

–  Aprovecho la luz que hay en el momento de intimidad. Si es de día y la habitación en la cual estamos tiene la atmósfera adecuada, la aprovecho. Si no, voy equipado de un pequeño flash de 500 W que me permite reconstruir esa luz dorada y cálida que precisa la escena, el encuentro.

 

– ¿Has pensado retratar a personajes conocidos?        

–  Hasta ahora me interesa lo anónimo para que el público se sienta plenamente identificado con esa Part commune d’humanité que no desprenden los personajes conocidos, que nos traen demasiada información. Recientemente he retratado al diseñador de moda Yohji Yamamoto porque me lo solicitó, porque se identifica con las personas que retrato, con mis personajes, y eso es un tema muy distinto. Por ello acepté. Creo que es un retrato muy bonito que transmite mucho acerca de este gran artista que es Yamamoto.

– Disparo de la cámara y  experiencia,  para ti estas palabras  ¿guardan alguna relación? Como expliqué antes, el disparo, la imagen que quiero captar y crear, es indisociable de la experiencia vital previa, del encuentro. Es un largo proceso que disfruto desde el primer momento en el cual me pongo en ruta hacia un lugar geográfico, hacia las personas que ansío conocer.

  – Se dice que un rostro no dice nada y lo dice todo, ¿qué opinas sobre esto?

–  Un retrato no es nunca el reflejo del alma. La intimidad del “Otro” sólo pertenece al “Otro”. Un rostro, un retrato sólo vincula y reúne las tres intimidades tanto del modelo, del autor como del espectador convirtiéndole en un espejo misterioso, abierto a todas las visiones y sueños posibles. Quisiera hacer reflexionar sobre esta frase de Michel Tournier: “Un rostro no es otra cosa que su propia historia, a través de sus arrugas, sus cicatrices, su usura, su desgaste, la satisfacción o la frustración que refleja. Cuenta su vida, como una piedra su milenario pasado en los accidentes de su superficie.”

– ¿Qué significa para ti el nombre de Konstantina?  

–  Konstantina significa mucho para mí. Es uno de mis retratos más queridos, más íntimos. No pasan semanas sin que contemple su secreto. Es la historia de un encuentro con la hija menor muy querida (su cicatriz en la frente, su belleza fragilizada se debe a un accidente de coche en su niñez) de una familia rumana que conocí en Madrid. Su belleza frágil, su silencio, sus secretos, su orgullo, su juventud…en una ciudad que le es ajena, mientras lavaba los parabrisas de los coches a cambio de alguna limosna, me tocó. Konstantina es un nombre bizantino que también dice mucho acerca de la cultura de procedencia de esta joven. Quise hacer una serie dedicada a los roms de los Balcanes en una época en la que tanto el gobierno de Berlusconi como de Sarkozy ideaban leyes de discriminación e incluso apartheid de las familias zíngaras.

– ¿Tu retrato favorito?

– Quiero a todos mis hijos. Es difícil elegir.

–          ¿Cuál es la fotografía que te gustaría conseguir?

–           La próxima. Hay muchos retos por venir tanto en el campo del retrato como del paisaje. Soy un viejo joven fotógrafo.

–          ¿Ajustes  o retoques?

–          Del negativo a la imagen, del archivo a la copia, no varía mucho mi imagen. Al trabajar con un respaldo digital tengo ahora opciones más delicadas de ajustes. Procuro que los retoques sean sólo para aclarar sombras o reducir la intensidad de luz, cuando me he pasado. Eso sí, decido plenamente el color dominante, el clímax creado en el ambiente de un retrato. Mis colores tienden más bien a verdes, azules y cianes. Últimamente he ido incorporando tonos más cálidos de oros y bronces. No estoy en un universo National Geografic pero son imágenes concebidas para ser atemporales. Tiendo a alejarme de la realidad tras esas pequeñas modificaciones tonales. Los personales están intactos, no lo necesitan. Quiero que vayan bañados por la atmósfera tonal global que les corresponde.

–          ¿Photoshop, Lightroom?

–           Photoshop es, hoy en día, el logiciel de casi todos los fotógrafos. Lo utilizo para conseguir la atmósfera tonal global de la imagen.

–          Últimamente se ha publicado una gran colección de tus  retratos, ¿algún proyecto futuro? Salgo la próxima semana hacia el sur de los EE.UU. para continuar mi serie de retratos y paisajes en homenaje al escritor de William Faulkner muerto hace 50 años, el mismo año de mi nacimiento.

Esta entrevista fué realizada en 24/10/12, en nombre de Amfa por Paco Hidalgo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • AMFA, Asociación de Fotografos Amateurs de Málaga